Dios es una palabra de uso general para designar a cualquier divinidad de cualquier cultura y de cualquier lugar. Sin embargo, el uso mas generalizado de la palabra se refiere al Dios Cristiano, que se denomina Jehová. Usar la palabra Dios haciendo referencia a Jehová es injusto para las demás religiones, que también tienen su Dios o sus Dioses. Pues a través del lenguaje se niega la existencia de las demás divinidades. Aclarado éste asunto, se puede hablar de Jehová.
Algo interesante en relación a Jehová, es que la mayoría de las personas tienen opiniones encontradas con respecto a lo que es, es por eso que no sería justo hablar de un único Jehová, pues para diferentes religiones cristianas tienes significados diferentes a lo que debería corresponder igual cantidad de definiciones, incluso, entre diferentes personas de la misma religión y área geográfica hay diferencias en torno a ésta definición. Es como si cada persona tuviese su propio Dios. Se puede ver entonces lo endeble y arbitrario de las creencias religiosas.
Existe claramente una dificultad de definir aquello que no existe!
Esto se debe a lo especulativas que son la religiones. En éste momento recuerdo un capítulo de Los Simpsons, en el que el Homero Simpson fabrica una bebida afrodisiaca. Resulta que la bebida resulta ser muy exitosa, y las parejas de todo Springfield descuidan a sus hijos, pues están muy ocupados teniendo relaciones sexuales. Los niños de Springfield se reúnen para buscar una explicación, los niños proponen muchas teorías absurdas, conspirativas, y mágicas. La voz de la razón, Lisa, hace un comentario, mencionando la navaja de Occam, motivando al resto de los niños a buscar una explicación mas apegada a la razón.
En éste contexto los creyentes son esos niños que buscan explicaciones mágicas a acontecimientos que bien pudiesen tener un explicación simple y apegada a la razón. Y Lisa viene a representar a la ciencia, la razón y la conciencia atea, un incentivo a buscar un explicación basada en evidencia.
Esto me recuerda a un compañero que dice haber sido curado por Jehová, el se apoya en una explicación mágica, pudiendo haber una gran cantidad de explicaciones, el escoge la explicación menos razonable, y la menos probable, “Dios me curó”.
¿Pero acaso puedo, yo, Félix Suárez, probar la inexistencia de Dios? Por supuesto que no, no puedo encontrar evidencia de que Jehová no exista, de la misma forma, no tengo evidencia de que Zeus no exista. Sin embargo no creo que Dios exista, y lo mismo pienso de Zeus. Existe un principio básico, que es aplicable al derecho y a la filosofía:
La carga de prueba recae sobre el que hace la afirmación positiva